La papa: el tubérculo que ayudó a salvar Europa

De decoración a la mesa, la papa fue uno de los tubérculos que permaneció de pie cuando las cosechas comenzaron a escasear. Descubramos juntos su historia en el Viejo Continente.

Por Andrea Chavarria · julio 12, 2026

Redonda, alargada, blanca, amarilla, morada o roja; rellena, en chips o puré, son tan solo algunas de las muchas presentaciones que puede tener la papa. Su versatilidad en las cocinas le ha abierto las puertas a diferentes regiones, pero el verdadero motivo de su expansión se encuentra en el campo.

De origen latino

Los primeros cultivos registrados indican que su aparición en la historia se remonta a hace más de 8000 años en la región andina, actualmente comprendida por Perú y la isla al sur de Chile, Chiloé. Hasta la fecha se han registrado más de 4000 variedades de papa en la zona, mientras que su traslado a Europa permitió la diversificación del tubérculo silvestre hasta alcanzar cerca de 200 tipos. 

Historia de la papa en Europa
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En tiempos de Conquista, la papa recorrió el territorio sudamericano mediante el intercambio de ingredientes y alimentos entre colonias, mismos que -en su mayoría- eran exportados a Europa.

¿Qué la hace especial?

La papa es uno de los ingredientes más cultivados en el mundo. Es una importante fuente de energía gracias a su contenido de carbohidratos, vitamina C y proteínas, estas últimas comparables con las presentes en algunos cereales. 

Por si fuera poco, su abanico de texturas, formas, tamaños y colores expanden las posibilidades culinarias y formas de consumo, algunas influenciadas por factores culturales (costumbres y tradiciones) de alguna región en particular.

papa 3
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Sin dejar de lado que la conservación del tubérculo ha sido posible gracias a las prácticas tradicionales de los agricultores y sus hábitos de trabajo, así como el cuidado de las semillas en pequeños centros de trabajo ubicados en la región andina,donde se han adaptado a distintas temperaturas, suelos y altitudes. 

De ornamento a platillo

Pero regresemos un poco al pasado. Este compendio de almidón viajó al continente europeo en 1560 con Pedro Cieza de León. Sin embargo, la papa no llegó como alimento, en un principio, consideraban este tubérculo como algo “exótico”, limitando su uso a una planta de adorno; las razones para no consumirla se encontraban sustentadan por un pasaje bíblico.

Este prohibía consumir cualquier alimento que creciera debajo de la tierra, como sucede con la papa; además, se le pensaba que era un alimento venenoso. Su resistencia a ser aceptada era tal que, pese a conocer su consumo -durante años- en la región andina, en Europa tardaron años y años para consumirla como alimento. 

“Que si su nombre no aparece en la Biblia, que si todo lo que nace bajo tierra es obra del diablo, que si algo que crece tan rápido debe estar presa de un embrujo”, mito popular en la Europa del siglo XVI.

la papa y su historia
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Pero no todos los países europeos le dieron la espalda, mientras algunas regiones del Viejo Mundo afrontaban una hambruna que parecía eterna, Irlanda formó parte de la excepción, incluyó de inmediato el tubérculo en su dieta, convirtiéndose en un sustento principal. 

Poco a poco, el resto del continente comenzó a consumir la papa por necesidad, saciando el hambre que a su vez ayudó a reducir los conflictos bélicos y con ello la violencia a raíz de las malas cosechas.

Alemania, ¿pionera?

Durante el reinado del Rey Felipe II en España, el tubérculo viajó a Roma para conocer al Papa, quien mostraba interés por su reciente popularidad. A partir de ese momento, esta raíz continuó su recorrido por el resto del continente hasta llegar a Alemania en 1630. 

Papa
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Hacía la mitad del siglo XVII, Federico II impulsó cuidadosamente su cultivo en Alemania, pues fue el único en valorar el potencial de la papa (también conocida como tartuffoli), desarrollando incluso un licor e incorporándola como alimento para animales, además de aprovechar su almidón en la manufactura textil. 

Sin embargo, no fue hasta el siglo XX cuando la papa alcanzó gran importancia en Alemania gracias al legado de Federico II, pues en un recetario se reunían preparaciones culinarias, destacando Tartuffoli en caldo de vino, Tartuffoli en salsa de limón y papas rellenas. 

El segundo gran descubrimiento

En Francia, Antoine Auguste Parmentier (1737-1813), un farmacéutico de la época, fue el primero en levantar la voz por la papa como alternativa alimentaria, gracias a su resistencia, facilidad de cultivo y valor energético y nutrimental; cualidades que descubrió en una visita a una prisión en Alemania.  

Papa
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Ahí observó que la papa hervida era la dieta de los prisioneros, manteniéndolos en buen estado físico, nutridos y sobre todo, sin hambre. Gracias a Parmentier, este carbohidrato comenzó a popularizarse entre las clases altas mediante banquetes en los que todos los platillos eran preparados con este tubérculo. 

Lo que alguna vez fue visto con desconfianza terminó por convertirse en uno de los alimentos más importantes del mundo. Hoy, la papa alimenta a millones de personas y demuestra que, en ocasiones, los ingredientes más humildes son también los que cambian el rumbo de la historia. 

Fuentes consultadas

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