Mi vida como un pan de muerto

¿De dónde salió el pan de muerto? Esta es la verdadera historia (con un poco de ficción) del manjar de temporada

Por Rodrigo Contreras · octubre 22, 2026

¿Te has preguntado de dónde viene tu familia? Construir un árbol genealógico que te lleve a través de cientos de generaciones hasta tu ancestro más antiguo es una tarea realmente complicada, por no decir imposible. Lo mismo me pasa a mi, aunque no soy realmente una persona.

En mi familia todos nacemos muertos, y solo así tenemos vida. Antes de eso, cuando el panadero forma la masa y la saboriza con naranja y azahar, realmente no somos nada. Es hasta que salimos del horno, calentitos y esponjosos, y nos espolvorea con azúcar, que empezamos a vivir, pero aún así, para este momento ya estamos muertos. 

Y cuando nos comes, acompañados de una deliciosa taza de chocolate caliente, y disfrutas cada bocado tanto como el anterior, es que llegamos al momento más importante de nuestra vida-muerte, y entonces, cuando ya no queda nada más que migajas, ahora si que de vida ya no nos queda nada.

Nuestra familia

¿Quién es mi madre? En realidad nosotros, los panes de muerto, no tenemos madre (¿a poco no?), a menos que encuentres algún “pan de muerto de masa madre”, pero eso ya es otra historia. Tampoco tenemos padre, porque aunque nacemos montones de hermanos cada octubre, para noviembre ya casi no queda ninguno, y aunque queden, no podemos engendrar.

Historia del pan de muerto
Foto de Gerardo Covarrubias en Unsplash

El panadero es más un dios que nuestro padre, uno que nos hace a voluntad, que nos crea a partir de la nada y nos convierte en uno de los panes más codiciados de todo el país, que te deja con las ganas de que pronto vuelva a ser la temporada para podernos disfrutar.

Pero que no tengamos madre ni padre no significa que no tengamos familia, y por lo tanto una historia que contar, porque no me vas a decir que ninguna de las historias que tienes está ligada a tu familia y al paso de ella a través de la historia.

Así, antes de mí, hace muchos años, habían otras recetas que hoy ya no se encuentran con tanta facilidad. Ancestros de colores o con formas diferentes que pueden rastrearse hasta cientos de años atrás. Historias y leyendas, reales o no tanto, que nos pueden llevar hasta mi ancestro más antiguo, el más viejo de todos, y el que (espero) ya no se encuentre en ningún lugar.

El origen del pan de muerto

Si es cierto, el pan es un invento del antiguo continente, sobre todo el que se hace con harina de trigo y mantequilla, pero si quieres saber quien es mi chozno, mi tataratatara abuelo, por decirlo de una forma, hay que transportarnos a la época precolombina, antes, mucho antes, de que los famosos “gachupines” dominaran o siquiera descubrieran nuestro continente.

Día de muertos
Foto de Midhun Harikumar en Unsplash

Se dice que mi ancestro más antiguo nació en los sacrificios humanos que se realizaban en la época prehispánica, cuando los sacerdotes mexicas mezclaban la sangre del sacrificado con amaranto molido hasta formar una masa que luego se cocía en una olla y se consumía como parte del ritual.

Vamos, ya se que suena bastante salvaje y pensarlo puede revolverte un poco las entrañas, pero bueno, el parentesco es evidente, ¿no crees? Aunque hoy en día no estamos hechos con partes reales de muerto, por ahí va la idea.

De todas formas, cuando los españoles llegaron a América y se toparon de frente con estas arcaicas prácticas, “violentas e inhumanas” (como si masacrar a los indígenas y ejercer un gobierno opresivo fuera una práctica mucho más humanista), sugirieron de manera “pacífica” optar por un pan de trigo cubierto con azúcar roja para simbolizar la sangre sin que nadie muriera en el proceso.

El nuevo pan de muerto

Sí, ya sé que está mejor así, sin sacrificios humanos y sin sangre en la comida, pero la forma de preparar el pan no fue lo único que cambiaron los conquistadores, porque la verdad es que les encantaba arruinar tradiciones y costumbres para imponer las suyas, que en general, estaban construidas bajo la institución de la Iglesia Católica; aunque debemos admitir que la de los muertos resultó en algo genial.

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Foto de Marco Samaniego en Unsplash

Así los invasores convirtieron el pan utilizado en los rituales paganos en uno de los elementos básicos de la celebración de todos los santos, que hoy en México se conoce como Día de Muertos y es, probablemente, la celebración más bonita de todas, la que aprovechamos para rendir homenaje y recordar a nuestros ancestros que han pasado a formar parte de la historia.

Así que, si no me comen para el 2 de noviembre, seguro que pongo una ofrenda para recordar a mi tataratatara abuelo mexica que aunque era bastante más sanguinario, no deja de ser la razón por la que hoy estoy aquí.

Y tú, ¿ya pusiste tu ofrenda para recordar a tus seres queridos? Por favor, no olvides acompañarla con alguno de mis hermanos, ya que tus espíritus lo agradecerán.

Fuentes consultadas

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