Tudor: el rey del hielo

Descubre este viaje por la historia del hielo, desde un lujo exclusivo hasta un bien global accesible, dejando un impacto duradero en la industria

Por Redacción Chula Gula · junio 1, 2026

✍️: Juan Pablo Aranda

Los productos que se comercializan alrededor del mundo pocas veces tienen un impacto evidente en las personas debido al tiempo que han estado presentes en sus vidas. Los cubos de hielo son un claro ejemplo de ello, pues hoy parecen algo tan cotidiano que basta con tener un molde, agua y un congelador para producirlos. Sin embargo, la historia de las bebidas frías es una crónica que se remonta a la antigüedad. Fue el innovador comercio de “agua congelada” desde Nueva Inglaterra hasta India, a mediados del siglo XIX, el catalizador que popularizó el hielo.

Desde la Roma del siglo I hasta el emperador mogol Humayun en el siglo XVI, el hielo se utilizaba para enfriar bebidas y preservar alimentos que regularmente estaban reservados para la élite. Incluso se atribuye a Nerón la popularización del uso del hielo para enfriar el agua. En la Florencia del siglo XVII, la familia Médici organizaba extravagantes fiestas con hielo. Sin embargo, hasta principios del siglo XIX, solo los ricos disfrutaban de los efectos refrescantes de este recurso.

El impulso visionario de Frederic Tudor

Todo cambió con Frederic Tudor, un empresario estadounidense nacido en Boston, Massachusetts, quien tuvo la idea de recolectar hielo invernal de los estanques y ríos de Nueva Inglaterra y envolverlo en heno para exportarlo por primera vez a la colonia francesa de Martinica, donde se utilizaba para enfriar bebidas, conservar alimentos y bajar la temperatura de los enfermos que padecían fiebre amarilla.

Invierno
Foto de David Yu en Pexels

A pesar del fracaso inicial al intentar vender 80 toneladas de hielo en la isla caribeña de Martinica en 1806 —gran parte de las cuales se derritieron—, Tudor perseveró. Al año siguiente embarcó 240 toneladas de hielo hacia La Habana, Cuba contemplando desde el inicio las pérdidas por derretimiento.

Con el tiempo, impulsó la construcción de recintos especiales para conservar el hielo y descubrió que el aserrín evitaba el derretimiento mucho mejor que el heno.

Fue entonces cuando se asoció con Nathaniel Jarvis Wyeth, uno de sus proveedores, quien inventó un método para cortar bloques de hielo de manera más eficiente. Este consistía en marcar surcos con cuchillas, creando líneas paralelas de aproximadamente 10 centímetros de profundidad. Después se perforaban agujeros que permitían a las sierras cortar bloques uniformes de 60 por 60 centímetros.

La expansión hacia India: un hito histórico

En 1833, Tudor envió hielo a Calcuta a bordo del barco Tuscany, demostrando que el negocio era comercialmente viable. Esta hazaña llevó a la construcción de casas de hielo en Bombay, India ampliando la demanda más allá de los británicos y los parsis.

cubos de hielo
Foto de Ray Suarez en Pexels

El comercio de hielo con India se convirtió en una empresa sumamente lucrativa para Tudor, generando beneficios estimados en 220 000 dólares durante 1853, una cifra extraordinaria para la época.

Legado y evolución

Algunas de las estructuras construidas para este comercio aún perduran. La Casa Vivekananda, en Chennai, es un testimonio de aquella ingeniería y muestra cómo el hielo podía almacenarse de forma eficiente durante largos periodos.

El impacto global de Tudor no se limitó a India. Su hielo llegó también a lugares tan diversos como Singapur, Jamaica, La Habana, Nueva Orleans y Hong Kong, transformando para siempre la manera en que las personas consumían bebidas y conservaban alimentos.

A pesar del éxito inicial, la competencia comenzó a crecer. Además, la invención de las máquinas de hielo por parte de John Gorrie marcó el inicio del declive del mercado del hielo natural.

A esto se sumó la creciente contaminación de los lagos de Nueva Inglaterra, que afectó directamente la calidad del producto y dificultó su comercialización. Finalmente, la empresa Tudor Ice cerró sus operaciones en 1887, poniendo fin a una industria que había revolucionado el comercio mundial.

La historia de Frederic Tudor demuestra que incluso los productos más cotidianos pueden transformar al mundo. Lo que comenzó como una arriesgada apuesta comercial terminó por convertir al hielo en un recurso accesible para millones de personas, sentando las bases de la industria de la refrigeración moderna y cambiando para siempre la forma en que se conservan alimentos y se disfrutan las bebidas frías.

Fuentes consultadas

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