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El Archivero, entre historias y tragos
¿Antojo de un drink? Acompáñanos a descubrir El Archivero, un lugar donde los mejores destilados se fusionan con las grandes historias
Por Rodrigo Contreras · junio 2, 2026
La gastronomía mexicana es una de las más ricas del mundo, y mucho de ello se lo debemos a nuestras recetas, ingredientes y tradiciones culinarias. Pero también a nuestras bebidas. Más allá de las fronteras, pocos conocen algo distinto al tequila –y hoy, al mezcal–, cuando en realidad en México se producen numerosos destilados mexicanos, casi todos ellos con una historia mucho más profunda de lo que imaginamos. Precisamente esa riqueza es la que busca compartir El Archivero, un espacio en la Roma Norte dedicado a descubrir, entender y disfrutar la cultura de los destilados mexicanos.
Tanto el mezcal como el pox, la raicilla y la tuxca cuentan con siglos de historia. Sus procesos de producción, al igual que muchas de nuestras recetas tradicionales, se han transmitido de generación en generación.
Las manos que nos dan de beber
Además de su paso por la historia, cada uno de estos elixires también tiene un relato que compartirnos sobre la tierra en la que se producen y, por supuesto, sobre las manos que los elaboran, porque muchos de ellos siguen un proceso artesanal que no aparece en los libros y forma parte de la identidad de sus productores.
La tuxca, por ejemplo, es un destilado de agave que precede al tequila y al mezcal, pero que es tan tradicional que apenas ha traspasado las fronteras de su región productora en Jalisco.
Así, a través de cada trago podemos descubrir un poco más acerca de quienes lo crean y cómo lo hacen, así como las diferencias que existen entre ellos, porque no es simple magia —aunque sí tiene algo de ella— que el tequila, el pox, la raicilla, el mezcal y la tuxca sepan tan diferente entre sí a pesar de ser todos líquidos derivados del agave.
Cada botella es un archivo
En ese sentido, cada botella es como un libro o una carpeta de información que se percibe a través de todos los sentidos.
El primero de ellos es la vista, con la cual no solo vemos la etiqueta, con toda la información que esta incluye —lugar y fecha de producción, materia prima, contenido alcohólico, etcétera—, sino también el color del líquido que contiene, las lágrimas que forma al escurrir y las burbujas que aparecen al agitarlo.
Le sigue el olfato, con el cual percibimos los aromas que la caracterizan y que nos hablan del agave con el que se produce; y, por supuesto, el gusto, con el que identificamos cualidades más evidentes, como el dulzor o el amargor relacionados con la materia prima, el proceso de cocción y la destilación.
Pero tampoco podemos dejar de lado el tacto: ¿qué sensación produce en la nariz?, ¿qué ocurre en la garganta al tragar?, ¿qué permanece después al pasar la lengua por el paladar?
¿Y qué hay del oído? Porque ciertamente no obtenemos mucha información si nos pegamos la botella a la oreja, pero entonces, ¿cómo nos enteramos de todo lo demás que un destilado tiene por contar?
Aquí es donde entra El Archivero, un pequeño espacio oculto en la colonia Roma Norte, diseñado por Brenda Olvera y Mariana Ramos, para que cada botella pueda contar su historia.
El Archivero
Aunque aquí el protagonista es cada destilado, no se trata solo de beber, sino de descubrir todo lo que envuelve a cada bebida a través de una experiencia curada por expertos que no solo saben lo que hacen, sino que además les apasiona.
Para Brenda Olvera y Mariana Ramos los destilados no son simplemente una bebida para embriagarse, sino una parte esencial de nuestra identidad.
No se trata solo de disfrutar el trago —aunque sí, hay que hacerlo—, sino de respetar y valorar cada destilado, conocer su historia y su contexto, pues para disfrutar de un drink pueden hacer falta, en ocasiones, hasta 20 años de trabajo o más.
Un lugar para todos
El Archivero es un lugar íntimo, pero suficientemente amplio para que no solo quepan los destilados, sino también los productores, los comensales y las marcas, creando así un ambiente mágico de convivencia donde las líneas que los dividen se rompen para formar un solo grupo con una característica en común: la pasión por los destilados.
Y lo mejor de este lugar es que, al final, cada una de las personas que están ahí, en ese preciso lugar e instante, pasan a formar parte de la misma historia y contexto que envuelve al destilado, archivando esa memoria. Porque cuando las cosas funcionan como lo hace este espacio, dejan una huella permanente en todos los que participan.
En El Archivero se encuentra no solo la historia de cada botella de mezcal, tequila, ron o ginebra, sino también la de las personas detrás y delante de ellas. Porque los grandes destilados no se recuerdan únicamente por su sabor, sino por los relatos que acompañan cada trago. Si quieres descubrirlas por ti mismo, no dudes en visitar El Archivero y dejar que cada copa te cuente algo nuevo.
Síguelos en
Instagram: @el_archiveromx
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